Si el espíritu se liberase,
La derrota no me invadiría,
Ni la aflicción se enardecería.
La existencia nos ata a la tierra,
Sembrada hondo se encuentra,
El alma sensata endulza sus labios con flores.
Si el colibrí escapase fugaz,
El prójimo sería absuelto,
Pronto lo adverso resuelto.
Ceñimos nuestros tocados,
Esparcimos ricas ofrendas,
Las alas se despliegan al suspirar con regocijo.
Si el aliento de vida abandona,
Hallaría sosiego en mi templo,
Calma al contemplarme al espejo.
El hombre ha echado raíz,
Cosecha vanos cultivos,
Atiza la hoguera del porvenir que agoniza.
Si hubiese de morir mañana,
Con la daga en el pecho decreto,
Con el corazón en la mano sostengo:
Me deleitará el canto de las aves al viajar a lo incorpóreo,
Me extasiarán perfumes mientras me adentro en lo etéreo,
Me tornaré uno con todo cuando penetre en lo eterno.
Fernando Guízar Pimentel
Respecto a la entrada reciente de tu otro blog: la mayor hipocresía posmoderna es negar que 7 de cada 10 mexicanos viven en el espacio rural, que además, incluso las calaveras de azúcar son algo moderno que no se acomoda en sus ofrendas. Esa degeneración de las tradiciones que señalas se da en los entornos citadinos de los mexicanos que creen que México y su cultura les pertenece cuando sólo la desvirtúan. 7 de cada 10 mexicanos siguen celebrando su día de todos los santos de la misma manera que sus tatarabuelos indios lo hicieron. Y aunque varios ya hablen español, se sigue cantando en las noches en esos idiomas despreciados. Nos vale madre que los citadinos hagan su desfile o carnaval o lo que sea. México no es Guadalara, ni Nuevo León, ni el "DF"; es el otro 80% de la gente prieta que les come la comida en la boca.
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